Catalina, conquistadora travesti que pasó por Venezuela – Hechos Criollos

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En el siglo de oro español no existía aquello que hoy llaman identidad de género que tanta discusión ha generado por su contradictoria argumentación. Catalina de Erauso podría decirse que fue una mujer que vestía de hombre y se relacionaba con mujeres, ya fuese con el disfraz o sin él. En cualquier caso fue una mujer que quedó en la historia y que tuvo su paso por Venezuela.

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La conquistadora travesti


«Un lunes santo de 1603 se embarcó Catalina de Erauso rumbo a América»


Nació en San Sebastián, a finales del siglo XVI, hija del capitán Miguel de Erauso y de María Pérez de Galarraga y Arte, naturales de San Sebastián. Desde los 4 años vivió en conventos, hasta los 15 cuando escapó, disfrazándose por primera vez de hombre. Esto la llevó a servir en la corte del rey disfrazada de varón, como paje de Juan de Idiasquez, bajo el nombre de Francisco de Loyola. Ocultando su identidad estuvo de un lugar a otro, con el cabello corto y usando diferentes nombres como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Pronto, como muchos vascos (vease en el origen de los Bolívar), sintió el llamado de Indias, consiguió una plaza como aprendiz de marinero en el galeón del capitán Esteban Eguino y un lunes santo se embarcó a América.

Catalina de Erauso pasó por Venezuela


“De no haber sido virgen, Catalina habría sido incluida en el grupo de prostitutas, vagabundas y aventureras, que han perdido el honor sexual; aunque su biografía hubiera sido la misma, jamás habría logrado el reconocimiento y el apoyo de Iglesia y Estado” Eva Mendieta


Al primer lugar que llegó Catalina fue a un territorio que hoy pertenece a la República de Venezuela: Punta de Araya. Ahí participó en el enfrentamiento contra una flota pirata holandesa, donde salió victoriosa. Se hacía llamar Alonso Díaz, un temerario español dirigido a enfrentar a los mapuches. Recorrió en barco, a pie y en caballo el continente sudamericano, proceso en el que asesinó a muchos de los aborígenes chilenos. También se involucró con la vida lúdica y mató a un hombre en Piscobamba, luego de un juego de cartas por lo cual es condenada a muerte y, por muy poco, escapa del nudo corredizo alrededor del cuello. Retó a la autoridad y mandó ahorcar al cacique Quispiguaucha en vez de entregarlo, raptó a mujeres y enamoró a jóvenes ricas y para luego huír a caballo y evitar ser descubierta. 

Estando en peligro de muerte confesó su identidad y fue perdonada luego de comprobar que era virgen, lo que le dio notoriedad a su historia. Obtuvo el grado de Alférez y el rey Felipe IV le concedió el cambio de nombre a Antonio de Erauso, así como una pensión por sus servicios y una encomienda en Veracruz. El Papa Urbano III  le otorgó el derecho para vestir de varón; murió con 65 años en Cuitlaxtla, aunque se desconocen los detalles de su muerte. Juan Pérez de Montalbán, discípulo de Lope de Vega, escribió una obra de teatro titulada La monja alférez en su honor.

Siendo mujer, fue la viva imagen del hombre conquistador del siglo XVI que describe Rufino Blanco Fombona en su ensayo o el picaro que describe Uslar Pietri. Asesina, adicta al juego, ladrona, violenta y belicosa. 

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Fuente
Memorias de Catalina de Erauso
Catalina de Erauso
Trasvesti, asesina y rebelde 

 

G.J.Jiménez

 

 


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