Putin retrasa la transicin en Bielorrusia para pilotarla

El ‘ltimo dictador de Europa’ no va a aguantar para siempre, pero Mosc se ha propuesto que dure un poco ms y pilotar en su momento el recambio. Vladimir Putin dio esta semana dos mensajes fundamentales: que haba formado “una reserva de agentes de servicios de seguridad” para apoyar al gobierno de Bielorrusia pero que slo lo hara en caso de que “extremistas en este pas rebasen los lmites”. Putin calific adems de “bastante moderada” la actuacin de las fuerzas del orden bielorrusas.

Tras semanas de estudiado silencio, Putin ha dibujado unas normas en el margen del tablero. El rgimen de Lukashenko puede pasarse de la raya, pero los descontentos deben respetar las normas o sern aplastados. Y estas reglas incluyen no intentar “la ocupacin de edificios estatales”, una de las acciones que derribaron al presidente ucraniano, Viktor Yanukovich, durante la fase ms violenta -y antirrusa- de las revueltas de Maidan en 2014. Aquella revolucin se resolvi sin la participacin del Kremlin. Y Putin est colocando las fichas para que eso no vuelva a pasar.

En esta ocasin podra recurrir al Grupo Alfa, una fuerza de lite, que depende del servicio de inteligencia FSB, y que tiene cobertura legal para intervenir en el marco del Tratado de la Unin firmado entre Minsk y Mosc. No sera entonces casualidad que el Tupolev-214 que usa el jefe de este servicio secreto, Alexander Bortnikov, haya sido detectado en Minsk por segunda vez en un mes.

Lukashenko, tras dos semanas de palizas a manifestantes, ha empezado la caza y expulsin de los periodistas que trabajan para medios extranjeros. Justo despus de que Putin se mostrase pblicamente dispuesto a respaldarlo por la va de los hechos, el rgimen est dando pasos ms descarados para ‘matar’ de una vez la protesta.

Putin no ha lanzado todava el ‘salvavidas’ a Lukashenko: simplemente se lo ha enseado a todo el mundo. La ‘vida extra’ est en un margen de la pantalla del videojuego. La relacin entre ambos nunca ha sido fraternal. Para Putin su vecino tiene tambin un significado poltico. La aparicin de otro sistema pluralista en su ‘vecindario’ dejar en mal lugar a la antigua metrpoli. Fue el problema con Ucrania: sigue siendo un pas corrupto y pobre, pero tiene ahora un sistema poltico ms abierto, en el que el presidente actual ha desalojado tranquilamente al anterior sin que ninguno de los dos fuese el elegido por el Kremlin, que es hoy en da un espectador. Tras un ao en el que las protestas han resucitado en Mosc y tambin en ciudades remotas como Jabarovsk, pronto los rusos empezarn a percibir que (junto con los sbditos de las atrasadas repblicas de Asia central) son los ltimos en bajarse del modelo autocrtico. Oteando el vecindario postsovitico, cada vez hay menos razones para pensar que Rusia ya es todo lo libre que puede ser.

La intervencin de tropas rusas en Crimea y Donbs fue un xito tardo para Mosc, que ‘perdi’ Kiev por no mover sus botas sobre el terreno. Si la intervencin en Georgia (2008) le sirvi para comprobar que Occidente no acudira en ayuda de las ex repblicas que se aproximan a la OTAN, la injerencia en Ucrania le mostr que no hace falta un despliegue muy grande si se hace en el momento adecuado y se conoce bien el contexto.

Pero al mismo tiempo cada intervencin rusa, aunque ha cerrado el paso a Occidente, ha vuelto a buena parte de la poblacin local en su contra de cara a los siguientes aos.

Intereses en la zona

Mosc juega sus cartas despacio. A diferencia del caso de Ucrania, Washington no tiene muchos intereses geopolticos en Bielorrusia: ni quiere estar ni se la espera en la OTAN. Pero la UE puede empezar a preocuparse despus de las amenazas de Lukashenko contraatacar si le imponen sanciones impidiendo el trnsito de bienes y servicios.

Como recuerda Maria Shagina, experta en energa y pases postsoviticos de la Geneva International Sanctions Network, Bielorrusia es una ruta importante para sus vecinos miembros de la UE, como Lituania, Letonia o Polonia: “Y por su territorio pasan oleoductos por los cuales Europa se nutre de petrleo ruso”. Aunque cueste imaginar tal ‘estropicio’ para Minsk y -sobre todo- Mosc, la UE recuerda cmo fue vctima de la ‘guerra del gas’ en Ucrania entre 2005 y 2009.

La era post-Lukashenko

Incluso Mosc entiende que la ‘vida til’ de Lukashenko est cerca de su fin. Como explica desde Minsk Franak Viacorka, analista del Atlantic Council, Rusia est apoyando a Lukashenko, entre otras cosas porque “no estaban preparados para estas revueltas, apenas tienen polticos prorrusos”. La situacin es distinta de la de Crimea “donde la operacin fue preparada durante aos”.

Rusia trata de ganar tiempo, dando oxgeno temporalmente a Lukashenko “mientras fortalecen organizaciones prorrusas y partidos, tratando de construir su propia presencia poltica de cara al futuro”.

Pero Lukashenko sigue atado a Mosc, “que siempre quiso tenerlo en una posicin de debilidad y dependencia”. “Ahora mismo hay un acuerdo entre ambos”, asegura Viacorka: apoyo ruso en esta lucha a cambio de que Lukashenko ceda algo de soberana, “ms integracin y tal vez moneda comn”. “Desgraciadamente, Mosc no necesita soldados para controlar este pas”, concluye. En la calle la partida sigue, pero en los despachos va a durar ms tiempo.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más




Más…
by [item_author_name]

Share this post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

scroll to top
Abrir chat
1
Saludos Bienvenid@s
En que podemos servirle?
A %d blogueros les gusta esto: